sábado, 24 de noviembre de 2012

Capítulo 25

Sé que llevo mucho tiempo sin actualizar el blog y una vez más os pido perdón. Aquí tenéis por fin el capítulo 25. Como siempre, espero que os guste.





Vuelvo al salón y me siento en el suelo, abrazándome las piernas con los brazos y apoyando la barbilla en las rodillas. Mi madre posa su mano en mi hombro y me da un cálido apretón, al que yo intento responder con una falsa sonrisa, antes de que se vaya a la cocina.
Prim se levanta del sofá y se sienta a mi lado, en la misma posición que yo. En su rostro aniñado se mezclan sus emociones, que van desde la añoranza y el miedo a la culpabilidad. Siempre había sabido que Prim estaba sufriendo mucho por Katniss, pero nunca me había parado a pensar en que pudiera sentirse responsable de todo lo que está pasando; pero ahora, mirándola a los ojos, se puede ver claramente la sensación de culpa que la invade.
- Prim, no fue culpa tuya -digo, girándome para mirarla a ella en lugar de a la pantalla.
- Sí que lo es. Todo lo que está pasando es mi culpa -le tiembla la voz al hablar.
- Prim...
- No, Gale. No digas nada. Sé que es verdad. Si no fuera por mí, Katniss no habría ido a los Juegos. Si no fuera por mí ella estaría en casa a salvo. Todo es culpa mía.
- Prim -como está evitando mirarme, me pongo justo delante suyo y hago que nuestras miradas se crucen. - Nada de esto es culpa tuya. Mira... se como debes sentirte, pero Katniss no querría que pensaras eso. No querría que ni por un segundo ese pensamiento pasara por tu cabeza.
- Si... ya... Seguro que ahora mismo me odia -dice volviendo a apartar la mirada, dirigiéndola a un hilo descosido de su vestido rosado.
- Seguro que no. Prim... tu eres lo que Katniss más quiere en el mundo. Si se presento voluntaria en la cosecha fue porque no podía permitir que a ti te pasara nada malo. Todo lo que está pasando no es tu culpa, es culpa del Capitolio. No tienes que culparte por algo que no podías evitar. 
Ella asiente en el mismo momento en el que la puerta suena de nuevo. Voy a abrir y la que esta vez aparece frente a mí es la madre de Kaniss.
- Hola Gale. ¿Está Prim aquí? 
- Sí, ha venido hace un rato; no quería ver los Juegos sola.
Ella suspira con alivio y me acompaña al interior de la casa. Cuando Prim la ve se precipita a sus brazos y se funden en un cálido abrazo.

El resto de la noche me siento en una especie de nube. Prim y su madre han accedido a quedarse a cenar con nosotros y mi madre ha preparado un estofado con la poca carne que nos queda, cosa que indica que pronto tendré que ir a cazar. Cualquier otro día del año esa idea habría resultado agradable y emocionante, pero ahora es lo último que me apetece hacer. Sin Katniss, el bosque me resulta un lugar grande y extraño y cada uno de los lugares que en él se esconden me traen más y más recuerdos de Katniss.
La pequeña televisión está encendida. Todos intentamos fingir que todo está bien e intentamos ignorar las imágenes del televisor en las que Claudius y Caesar nos hacen un resumen de los acontecimientos del día. Pero no podemos, por mucho que intentemos no pensar en la arena, es lo único que nos viene a la mente. Cada uno de mis pensamientos se centran en ese árbol rodeado de profesionales y en el que se encuentra la persona a la que más quiero en todo el mundo.
He estado como ausente durante toda la cena, toda la atención que he prestado a sido a mis propios pensamientos y a la pantalla, pero cuando nuestros platos ya están prácticamente vacíos veo a Rue. Está a pocos árboles de distancia de Katniss y le señala algo por encima de su cabeza. Cuando Katniss sigue con la mirada la dirección de sus dedos, la pantalla enfoca lo que ha llamado la atención de la pequeña: un nido de rastrevíspulas.
Estoy demasiado cansado, mis ojos se cierran por momentos y comienzo a ver borroso todo lo que me rodea. Me doy cuenta de que la cabeza comienza a darme punzadas y de que siento un pitido en los oídos. No me doy cuenta de que el himno de Panem ha estado sonando hasta que este cesa y entonces veo sonrisas en las caras de mi madre, Prim y la señora Everdeen. Ver a Prim sonriendo por primera vez desde la cosecha hace que me sienta feliz, aunque no sé cual es el motivo de la felicidad que parece que ha alegrado un poco el desolado salón.
Cuando Prim y su madre se van, me tiro en el sofá y me quedo dormido justo cuando mi cabeza toca el reposabrazos.

Me despierto al oír ruido a mi alrededor. Mi madre me esta llamando. Abro los ojos, pero los vuelvo a cerrar por la luz que entra por las ventanas abiertas. Es muy poca, pero a mis ojos cansados le parece como si estuviera mirando directamente al sol. Cuando me incorporo, un sabor ácido me sube por la garganta y voy corriendo al lavabo con la mirada sorprendida de mi madre siguiendo mi camino. Toda la cena de anoche abandona mi estómago dejándome un asqueroso sabor en la boca. Voy a la cocina y bebo agua.
- Gale, ¿estás bien?
- Mmm... -me siento en el suelo y me sujeto la cabeza con las manos.
- Gale, me tengo que ir a trabajar. Ahora llevaré a tus hermanos a clase. Tú quédate en casa y descansa, ¿vale? Necesitas descansar.
Me vuelvo a tumbar en el sofá y dejo que la inconsciencia me lleve de nuevo.
No he dormido casi nada, solo lo que el dolor de cabeza me ha dejado, pero finalmente me canso y enciendo la televisión.
Acaba de amanecer en la arena y veo a Katniss serrando la rama del árbol en la que están las rastrevíspulas. Recibe tres picaduras antes de que la colmena caiga al suelo y se parta como una nuez. Los insectos salen al exterior y se forma el caos en el comienzo de un nuevo día en los Juegos.


domingo, 11 de noviembre de 2012

¡Hola!

¡Hola a todos! Sé que llevo mucho tiempo sin escribir y que parece que tengo el blog olvidado, pero que sepáis que no me he olvidado de vosotr@s.
Ahora con las clases apenas tengo tiempo de ponerme y escribir tranquilamente por los deberes, los exámenes y el estrés, y cuando tengo tiempo la inspiración no me viene...
Sólo quería pediros perdón por el retraso y deciros que intentaré colgar capítulo lo antes posible.
¡Saludos!

sábado, 29 de septiembre de 2012

Capítulo 24

Se acercan al estanque en el que Katniss intenta curar sus quemaduras tosiendo y gritando a voces, orgullosos de haberla encontrado por fin. La chica del 4 esta vez se ha unido a la expedición de caza, ya que ahora el chico del 3 se encarga de vigilar las provisiones, a pesar de que cuentan con la protección de las minas.
Cuando Katniss los oye llegar, se levanta como puede y corre hacia un árbol al que poder trepar. Consigue llegar a una altura de unos seis metros ,a pesar de sus heridas y el dolor que delata su rostro cada vez que estas rozan la madera del tronco, justo cuando los profesionales llegan al pie del árbol.
Peeta se ha quedado atrás. Mira alternativamente a Katniss y a la manada con una expresión de autentico terror.
Alguien llama a la puerta y yo me levanto de un salto y corro a ver quién es. Cuando abro y miro al exterior, veo que se trata de Prim. Lleva su rubio cabello recogido en dos largas trenzas que le caen hasta la altura de los hombros. Me mira, indefensa.
-Mi madre ha salido y ahora no está en casa...
Yo asiento y le señalo con una mano el interior de la casa, a la que entra con paso inquisitivo. Mi madre le da un cariñoso abrazo y le hace un sitio a su lado en el sofá mientras yo me quedo detrás del respaldo, de pie, apoyado en él y apretando los muelles del relleno con fuerza.
Presiento lo peor y el miedo me inunda pero, al contrario que yo, Katniss luce una sonrisa de oreja a oreja.
- ¿Cómo va eso? -les grita a los profesionales en tono alegre.
Se puede apreciar el cambio en el rostro de Peeta, que pasa de temor a incredulidad; aunque supongo que ese cambio también ha sido evidente en mis facciones.
¿Qué es lo que Katniss pretende? ¿Unirse a los profesionales? No. Seguro que ella nunca se uniría a ellos. Pero entonces... ¿porque no muestra el más mínimo temor estando completamente acorralada, sin ningún arma exceptuando un cuchillo?
-Bastante bien -responde Cato claramente asombrado -. ¿Y a ti?
- Un clima demasiado cálido para mi gusto -responde, provocando un ataque de risa en Claudius, Caesar y la multitud del Capitolio que han enfocado en la pantalla -. Aquí arriba se respira mejor. ¿Por qué no subís?
Definitivamente, el humo le ha afectado. ¿Qué pretende con esto? ¿Quiere mostrarle a su hermana en directo como la matan?
- Creo que lo haré.
- Toma esto, Cato -dice Glimmer, ofreciéndole el arco plateado y el carcaj de flechas que Cato rechaza añadiendo que prefiere utilizar su espada, que lleva colgada de su cinturón.
Cuando Cato comienza a subir al tronco, Katniss se pone en posición y continua trepando ágilmente. Nunca he podido evitar pensar que se parece a una ardilla, con esos movimientos gráciles que la hacen trepar tan alto que incluso yo siento vértigo mirándola desde el suelo; por la forma en la que corre sobre las ramas, hasta por las más finas, debido a su práctica y a su peso. Su peso... Yo no puedo trepar tan alto como ella debido a mi peso, y cada uno de los profesionales debe de pesar el doble que yo. La tranquilidad de Katniss en este momento se debe a que sabe que ni siquiera el más pequeño de los profesionales logrará subir tan alto como ella, ya que las ramas se quebrarán en cuanto estos las agarren.
Y eso es lo que le ocurre a Cato, que acaba de caer de espaldas sobre la arena. Se levanta de un salto y comienza a gritar palabrotas y a gruñir como un perro rabioso. La risa casi se me escapa al verle, pero al reparar en sus ojos furiosos y asesinos esta vuelve a esconderse muy dentro de mí.
Glimmer tampoco consigue subir al árbol, ya que las ramas vuelven a quebrar a su paso.
Katniss ya se encuentra a unos veinticuatro metros de altura cuando comienzan los intentos fallidos de acertarla con flechas.
Cuando se cansan, enfurecidos, se agrupan y gruñen conspiraciones entre ellos.
- Venga, vamos a dejarla ahí arriba. Tampoco puede ir a ninguna parte; nos encargaremos de ella mañana -la voz de Peeta suena dura, aunque su rostro expresa debilidad, pero los profesionales están tan furiosos que no parecen percibirlo.
Finalmente, deciden hacer caso de Peeta y se tumban en sus sacos para dormir. En ese momento, todo está inundado por un silencio que parece inquebrantable, salvo por los enloquecidos latidos de mi corazón, en los que no había reparado hasta ahora, y que me retumban como sordos martilleos en mis oídos.
Por fin suelto el respaldo del sofá, en el que se han quedado grabadas mis manos, y voy con paso torpe a la cocina. Bebo agua, contando y esperando a que mi respiración se normalice. Sólo puedo pensar en lo larga que va a ser la noche.

martes, 18 de septiembre de 2012

¡DVD de LJDH!

Hoy día 18 de septiembre, por fin sale a la venta en España el DVD de Los Juegos del Hambre. ¿Emocionados, tributos? *-*



viernes, 14 de septiembre de 2012

Capítulo 23

Prim deja de llorar y se gira. Una expresión de alegría y desconcierto inunda sus delicadas facciones. Las letales llamas que hace apenas unos segundos ardían recorriendo media arena, ahora están completamente extinguidas. La única prueba de que estas han existido realmente son los troncos de los árboles y las hojas de los arbustos, que ahora están completamente abrasados.
Katniss se pone en pie a la vez que Prim se sienta en el regazo de su madre, aunque aún me aprieta con fuerza la mano.
Katniss se aleja cojeando hasta llegar al estanque que esa misma mañana había encontrado. Cuando su quemada piel entra en contacto con la tibia agua, su cara refleja el inmenso alivio que siente.
Poco a poco, la atmósfera de tensión que inundaba la habitación se relaja y Prim afloja la presión que ejercía contra mi mano, pero sin llegar a soltarse.
El alba comienza a despuntar y los cálidos y dorados rayos del sol penetran por las ventanas de la casa y comienzan a dar luz a la oscura y tenebrosa arena.
La mayor parte de los tributos han sufrido las consecuencias del incendio. Entre los tributos afectados se encuentran los profesionales y Peeta; Rue, la pequeña niñita del Distrito 11; y otros de los que no consigo recordar el nombre: el chico del 3 y la chica del 5, de la que no puedo evitar pensar que se da un aire a una comadreja.
Me despido de Prim y su madre y me voy a casa, porque el dolor de cabeza vuelve. Cuando llego, siento como mi barriga ruge y me preparo el desayuno.
Pienso en quedarme en casa y faltar a clase, porque realmente siento como si la cabeza me fuera a estallar, pero pienso que seguramente se me pasará a lo largo del día.
Cuando estoy abriendo la puerta para salir, me acuerdo de Prim y vuelvo a la cocina. Abro el armario de la comida y lleno una bolsa con gran parte de lo que cacé ayer y, de camino a clase, se la llevo a su casa.

Cuando entro al aula, la rutina de cada mañana se repite: nos sentamos y el profesor enciende el televisor.
Durante el largo día los tributos heridos se dedican a intentar curar sus heridas en los estanques; y los profesionales, cuando el sol lleva más de medio camino de su recorrido y han curado gran parte de sus quemaduras con las medicinas, comienzan con su habitual ronda de caza.
Cuando van caminando por entre los densos árboles, tropiezan con el chico del 3. Cato lo tira al suelo con fuerza y prepara su espada para rebanarle el cuello con un solo movimiento.
-¡Espera! -grita el chico con un auténtico deje de desesperación; tanto en sus ojos, como en su voz.
Cato hace caso omiso del chico y se gira hacia los demás, que lo vitorean y lo animan para que dé el golpe de gracia que acabará con la vida de ese pobre muchacho.
-¡Puedo ayudaros! -insiste.
-¿En serio crees que tienes algo que pueda servirnos, Distrito 3? -le espeta Cato con ojos llameantes de furia.
-¡La torre de provisiones! -chilla el chico.
-¿Que pasa con la torre? -pregunta Glimmer a modo de burla.
-¡Sé como protegerla!
-Está bien protegida -asegura Cato, que tiene los ojos brillantes de nuevo.
-¿Más que si estuviera rodeada de minas?
Todos los profesionales se miran sorprendidos y Clove se abalanza sobre el chico y  presiona un cuchillo en su cuello, haciendo correr por su garganta un hilo de sangre.
-¿Puedes hacer eso?
-Si me dejáis vivir, sí.

Una vez en el campamento de los profesionales, que estaba vigilado por Peeta, el chico del 3 comienza a escarbar alrededor de las placas por las que los tributos salían a la arena. Extrae algo que hay debajo de la tierra y lo vuelve a enterrar alrededor de la torre de provisiones.
-He vuelto a activar las minas que había alrededor de las placas y las he enterrado alrededor de la torre. Si alguien se acerca, volará en mil pedazos y se convertirá en cenizas -explica.
Marvel, Glimmer, Cato y Clove se miran satisfechos; mientras Peeta y la chica del 4 hablan apartados del grupo.

Cuando toca el timbre que anuncia el fin de las clases, me arrepiento de no haberme quedado en casa. Estoy física y mentalmente agotado y si a eso le sumamos que mis sienes están a punto de reventar...
Cuando llego a casa, mis hermanos están jugando en el salón, pero al ver mi pálido rostro, me dejan el sofá libre para que pueda tumbarme. Mi madre, que estaba en la cocina, se acerca con hielo envuelto en un paño que me pone en la frente, que hace que, al cabo de unos minutos, me sienta mucho mejor; aunque el cansancio no remita, así que cierro los ojos y dejo que la inconsciencia me lleve con ella.
Cuando despierto, tres pares de ojos me contemplan muy fijamente, a pocos centímetros de mi rostro.
Del sobresalto, echo todo mi cuerpo hacia atrás y casi me caigo de bruces al suelo. Los tres comienzan a reírse. A Rory incluso le cae alguna que otra lágrima de la risa.
Paso el resto de la tarde con ellos, ya que en estos últimos días he estado tan preocupado por los Juegos que no he tenido tiempo para mis hermanos. Pero en esas horas, toda preocupación desaparece y la suplanta una tan extraña como bienvenida felicidad. Pero por la noche, esta se esfuma como si no hubiera estado; como si estas pocas horas de liberación no hubieran existido. Y es que, los profesionales, la han encontrado.

viernes, 24 de agosto de 2012

Capítulo 22


Cojo mis armas del hueco vacío de un árbol y cargo el arco mientras las lágrimas no dejan de correr por mis mejillas. Cuando derribo a unas cuantas presas, comienzo a calmarme.
Me repito una y otra vez que no ha pasado nada, que todo está bien, pero la verdad es que no lo está. Nada de lo que está pasando ahora mismo puede decirse que esté bien. Hoy Katniss casi muere de deshidratación, ¿que le pasará mañana? ¿Un muto del capitolio? ¿Los profesionales? Por mucho que Peeta esté dispuesto a traerla con vida, puede que falle en uno de sus intentos de alejarlos de ella y entonces...
Descarto esta idea de la cabeza, como hago siempre que algún pensamiento comienza a angustiarme. Peeta lo logrará. Seguro que ella volverá.
Me paso el resto de la tarde en el bosque. Cuando voy a pescar al lago, no puedo evitar que el sueño aparezca en mi mente de nuevo. Lo dejo todo en el suelo y sin pensármelo dos veces cojo carrerilla y salto. A diferencia de lo que ocurrió en el sueño, esta vez si que llego al agua. Me sumerjo en ella y me alejo del mundo y de todo lo que está sucediendo en mi vida en este momento. Es una sensación tan extraña como satisfactoria.
Por mucho que el bosque ya sea un lugar extremadamente silencioso, siempre están los ruidos de los animales, el viento, los charlajos que cantan en las ramas de los árboles. Pero debajo del agua es como si ni siquiera eso existiera.
Cuando el sol empieza a ponerse, sé que es hora de volver a casa. Estoy empapado, pero no importa.
Antes de nada voy al Quemador y, como siempre, vendo parte de la carne obtenida.
Darius hace alguna que otra broma sobre mi ropa mojada y yo intento responder con una triste sonrisa, que él me devuelve. Sé que el apreciaba a Katniss y, como todos en el Distrito 12, también sufre viéndola en la arena.
Pienso en Madge. Ha estado muy amable conmigo estos días, a pesar de lo ocurrido el día de la cosecha. Se me ha olvidado coger fresas para llevárselas.
Cuando llego a casa, mi madre y mis hermanos ya están durmiendo. Aunque sea pronto, mi madre estará agotada por el trabajo y ha decidido irse pronto a dormir, así que, cuando acabo de guardar la caza y cambiarme mi ropa mojada, ceno y me voy al sofá.
Me tumbo y, con la televisión encendida, me quedo dormido.

Me despierta una luz y cuando abro los ojos me doy cuenta de que proviene de la pantalla encendida. La arena está ardiendo.
La cabeza me duele horrores y me cuesta concentrarme en lo que ocurre. Entonces veo a los tributos corriendo y entiendo de que se trata.
Los Vigilantes han creado este fuego para juntarles a todos ya que han pasado dos días en los que todo ha estado tan tranquilo que habrá llegado a aburrir a la audiencia del Capitolio. Y los Juegos del Hambre no pueden ser aburridos. No pueden permitírselo, así que con este fuego los juntaran y se asegurarán alguna que otra muerte.
Cuando la veo a ella no puedo quedarme aquí quieto sin hacer nada, así que salgo corriendo de casa, dispuesto a ir al bosque.
Sigo corriendo, cuando me detengo al ver que la luz de la casa de Katniss está encendida. Miro por la ventana y veo a Prim y a su madre con expresión de verdadero horror en la cara.
Prim, al ver una sombra en la ventana se gira y me ve. Se acerca a la puerta, me abre y me da un fuerte abrazo.
- Gale... -dice con un profundo sentimiento de tristeza inundándole la voz. -Pasa por favor.
Yo le hago caso y entro en el salón. Me siento en un sitio libre y saludo a la madre de Katniss, que me da un cálido apretón de manos.
Prim se sienta encima mío y juntos miramos fijamente la pantalla.
Los tributos corren con desesperación intentando alejarse del fuego.
Del incendio comienzan a surgir bolas de fuego, disparadas directamente contra los tributos, que apenas logran esquivarlas.
Entonces siento que me muero cuando veo a Katniss deteniéndose para vomitar. Los disparos están a punto de acertarla unas cuantas veces y yo no puedo hacer nada, sólo quedarme aquí sentado, impotente...
Los ojos de Prim comienzan a empañarse y me aprieta la mano con fuerza. Entonces comprendo que si que estoy haciendo algo. Lo único que Katniss me pidió; que cuidara de su hermana pequeña.
Así que cuando una de las bolas de fuego hace que la pernera del pantalón de Katniss comienza a arder y ella comienza a chillar, yo me guardo lo mejor que puedo la histeria que crece cada vez más dentro de mí. Katniss consigue apagarla pero, en lugar de continuar corriendo se sienta en el suelo, negándose a continuar avanzando.
El llanto desesperado de Prim comienza en ese momento. Se abraza a mi y a su madre, llorando desconsoladamente mientras el fuego continúa avanzando hacia su hermana.
Yo no puedo seguir controlando las lágrimas, que comienzan a correr como un torrente por mis mejillas.
Claudius Templeshmith y Caesar Flickerman llevan desde que comenzó el incendio muertos de la emoción y ahora no dejan de repetir algo que no escucho sobre la chica en llamas. Seguro que eso les ha dado la idea de incendiar la arena a los Vigilantes.
Y entonces, cuando ya lo damos todo por perdido, el fuego se disuelve con la misma facilidad con la que fue creado.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Capítulo 21

El profesor enciende la pequeña televisión y los presentadores Claudius Templeshmith y Caesar Flickerman nos hacen un resumen de los acontecimientos de lo ocurrido en la arena hasta el momento y nos recuerdan los nombres de los tributos que siguen con vida: los dos del 1, los dos del 2, el chico del 3, la chica del 4, la chica del 5, el chico del 10, los dos del 11 y los dos del 12. Nuestros dos tributos siguen con vida. Katniss sigue con vida.
Y entonces me acuerdo de que Peeta no la entrego a los profesionales a pesar de que sabía exactamente en que árbol estaba. La vio pero no dijo nada. Y ese temblor en su voz...
Ahora lo entiendo todo y la furia que ese chico había despertado en mí se apaga por completo. Se ha unido a los profesionales para alejarlos de ella. Porque lo que dijo en la entrevista era cierto. Él la quiere y lo que va a hacer es protegerla; lo mismo que habría hecho yo de haber podido presentarme voluntario. Yo habría muerto en la arena por ella, para salvarla, y Peeta va a hacer lo mismo. Intentará traerla de vuelta a casa.
No pasa nada interesante durante la retransmisión. Los tributos cazan y buscan agua. Algunos tienen la suerte de encontrarla, pero otros, como Katniss, no tienen tanta.
A la hora de salida no tengo ganas de hablar con nadie y sé que Liam se me acercará, le esperaría y hablariamos un rato, pero estoy tan extremadamente cansado que lo único que quiero es volver a casa y no hacer nada.
Cuando el profesor anuncia que nos podemos ir y apaga la televisión yo ya lo tengo todo preparado, al contrario que mis compañeros, así que soy el primero en salir del aula. Ya hablaré con Liam mañana.
En casa saludo a mi madre, que está lavando la ropa que los comerciantes le han traído. Veo que tiene mucho trabajo y a pesar del sueño que tengo me ofrezco a ayudarla. Ella me mira y al ver mis ojeras se niega y me dice que me vaya a dormir, así que voy a mi habitación, lo dejo todo en el suelo, me quito la camisa y me tiro a la cama.
El último pensamiento que puedo formular es que ojalá el sueño de anoche se repita, ya que es el mejor que he tenido en mucho tiempo, aunque sea por el simple motivo de estar junto a ella.
Cuando abro los ojos veo que ya es entrada la noche.
Me levanto y voy al comedor en el que mi madre está viendo la televisión mientras cena.
- Tienes el tuyo en la cocina -explica señalándome su plato.
Voy a buscarlo y me siento a su lado.
- ¿Novedades? -pregunto frunciendo el ceño.
- No. Hoy ha sido un día muy tranquilo. Cazar, recolectar, buscar agua...
- ¿Ha encontrado? -inquiero preocupado, ya que lleva dos días sin beber y necesita encontrar agua pronto o morirá deshidratada.
Mi madre sacude la cabeza y yo miro a la pantalla.
Aunque mi siesta me haya sentado muy bien, no ha sido lo suficientemente larga para poder reparar todas las noches que llevo sin dormir; así que cuando acabo mi cena, tras asegurarme que Katniss está bien, me despido de mi madre y me voy a mi habitación, donde el sueño no tarda en volver a llevarme consigo.

La luz del nuevo día me despierta y con ella aparecen en mi energías renovadas.
Me preparo y, como cada día, me voy a clase.
Llego un poco antes de tiempo al aula y aún hay poca gente. Pero veo que Liam está sentado en su silla y hoy soy yo el que se acerca a saludarlo. Hablamos hasta que el profesor entra y vuelve a encender la televisión.
Lo que veo no me gusta. Hay un primer plano de Katniss y en su expresión ya se pueden comenzar a percibir los síntomas de la deshidratación.
Baja del árbol para reemprender la busca del líquido que su cuerpo tanto necesita, pero cuando está a 1 metro del suelo, no se agarra bien y se cae. Casi me incorporo de la silla, pero al ser una caída pequeña no parece haberse hecho daño y comienza a empaquetar sus cosas.
De vez en cuando aparecen imágenes del resto de tributos, pero en esos momentos yo desconecto; solo me importa ella.
Camina por el bosque casi dando bandazos y entonces se para.
- Agua -grita, supongo que dirigiéndose a los patrocinadores. Pero ningún paracaídas plateado llega.
La cámara se aleja y enfoca la arena desde arriba. Veo a Katniss en el bosque y allí... ¡un lago! Está muy cerca, solo tiene que aguantar un poco más.
Katniss parece darle vueltas a una idea y es como si una luz se iluminara dentro de ella. Sabe porque no le envía nada Haymitch, así que coge una rama rota que usa de bastón y sigue caminando a duras penas.
Durante el descanso para comer no pruebo bocado; no me siento capaz de comer.
Cuando la tarde cae veo en los ojos de Katniss que está a punto de derrumbarse. Toda la clase espera expectante a saber que pasará.
Katniss comienza a tropezar una y otra vez, aunque consigue levantarse; pero hay una vez que ya no se levanta.
Esto no puede estar pasando, ¡tiene el lago a 5 metros!
- ¡Venga! -grito levantándome y dándole una patada a la silla - ¡Ya estás Katniss! ¡Venga!
Todo el mundo me mira fijamente, pero yo sigo propinándole patadas a mi asiento.
Hasta que Katniss levanta la cabeza y comienza a arrastrarse en dirección al estanque. Cuando llega, llena su botella de agua y espera a que se desinfecte. En el momento en el que da el primer sorbo, salgo corriendo del aula, con lágrimas de felicidad en las mejillas, sin prestar atención a los gritos del profesor.
Sigo corriendo hasta que llego al bosque y me pierdo en él.